


Llegar a Cusco es un golpe estético. La inmensa mayoría de las construcciones en las afueras de la ciudad están inconclusas, porque la burocracia convirtió al hormigón en estrategia fiscal y a la precariedad en estilo urbano. La explicación se reduce a impuestos diferidos. Edificio terminado, edificio por el que se pagan impuestos. El hormigón desnudo, el bloque expuesto y el acero que se oxida componen una sinfonía inacabada, una estética involuntaria de precariedad oxidada. La primera impresión es horrible, pero esa monocromía, siendo tan fea, termina volviéndose hermosa: es como el arte enigmático de lo inacabado.

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