


Hace casi 10 años, mientras estudiaba mi bachillerato, el periódico impreso me acompañaba siempre todas las mañanas. Entre clases me daba tiempo para hojearlo. La versión impresa era beneficiosa para mí, ya que en el formato digital comenzaba leyendo, pero terminaba quizá respondiendo un mensaje o entrando a una red social virtual. En un momento sentí la necesidad de también escribir. Justamente aquí, en el espacio de Opinión de El Nuevo Día, me dieron la oportunidad por primera vez de expresarme a través de mis propias palabras.

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