


Nuestro lastre existencial es el miedo a perder la dependencia. Ahora de Estados Unidos y antes de España. ¿Por qué no comprender razonadamente que el dinero que se nos transfiere es un acto de reparación por las restricciones a las libertades políticas y no inversión limosnera para afincar dependencia? Es imprescindible, para seguir adelante, abandonar ese estigma que por cinco siglos ha sido nuestra abolladura psicológica. Frena iniciativas, debilita la autoestima y es un obvísimo impedimento para ser Estado de la Unión, república o pleno autonomismo.

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