


Umberto Eco alude a la pertinencia del docente como formador, más que como informador, en su ensayo titulado ¿De qué sirve ser profesor? Ante la impresionante capacidad de almacenamiento informativo de internet, era el maestro quien podía y debía establecer en una conversación constante, una confrontación de opiniones y una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera. La transmisión de información, que masivamente había comenzado con la radio, el cine y la televisión, reorientaba la función del profesor hacia la de catalizador del escrutinio, selección y discernimiento de lo aprendido.

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