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Entre la esperanza y el duelo: el muro donde Nepal busca a los desaparecidos por las inundaciones

Hay selfies, fotografías de viajes y hasta capturas de redes sociales impresas bajo enormes letras que dicen “desaparecido”

29 de agosto de 2026 - 9:28 AM

Personas pegan fotos de desaparecidos en la riada de Nepal. (EFE/EPA/NARENDRA SHRESTHA)

Katmandú - Cada vez que sus familiares consiguen apartarla, la madre de Bishal Nepali se desprende de sus brazos y regresa hacia la fotografía de su hijo, recién pegada con cinta adhesiva en la ventana de un hospital de Katmandú, levanta el brazo para alcanzarla, acaricia su cara sobre el papel y la besa mientras llora, rodeada por una pared cubierta con los rostros de otros desaparecidos.

Bishal tiene 31 años y su familia no sabe nada de él desde que la riada golpeó Timure, en el distrito de Rasuwa, el miércoles, y su fotografía es una de las últimas en incorporarse a una pared que lleva tres días creciendo al mismo ritmo que las listas de personas que continúan sin aparecer.

Hay selfies, fotografías de viajes, capturas de redes sociales, algunas impresas bajo enormes letras que dicen “MISSING” y otras preparadas a mano, con nombres, edades, teléfonos y los lugares donde alguien fue visto por última vez.

No hay dos carteles iguales, hay retratos cuidadosamente escogidos y fotografías corrientes, personas posando frente a montañas, templos o jardines, parejas abrazadas, imágenes sacadas de redes sociales y folios donde la palabra “desaparecido” está escrita a mano.

En el de Bishal, su familia pegó incluso una copia de su pasaporte junto a dos fotografías, como si cualquier dato pudiera ayudar a encontrarlo.

Las 8:22, el último mensaje

Algunos carteles conservan hasta el último instante conocido.

El de Bipeen Tamang, un empleado de aduanas de 22 años desaparecido en Timure, registra la hora exacta de su último mensaje, las 8.22 de la mañana del miércoles, apenas minutos antes de que la gran riada irrumpiera en la zona.

En otro, escrito en inglés, se busca a Chetana Gupta, una peregrina que había emprendido la ruta hacia el Kailash Mansarovar por el corredor de Rasuwa, golpeado de lleno por la riada, precisamente en 2026, Año del Caballo en el calendario tibetano y considerado especialmente auspicioso para completar ese viaje sagrado.

Más allá aparecen juntas las fotografías de Pradip Kumar Tamang, Prem Maya Tamang y un bebé, Sijan Tamang; los tres con el mismo número de contacto.

En algunos folios aparecen varias personas; en otros queda un solo rostro rodeado de cinta adhesiva sobre el ladrillo, un nombre, una edad y uno o varios teléfonos por si alguien, en alguna parte, lo reconoce.

Afuera del hospital, Rojan extiende un pequeño paquete de fotografías y empieza a ponerles pegamento por detrás, una a una, hasta que ve a la prensa y, antes incluso de explicar quién aparece en ellas, pide una cosa, que mostremos sus rostros en televisión.

Dos de las fotografías corresponden a sus hermanos y otras muestran a tíos y primos que vivían o trabajaban en Timure.

“Están desaparecidos desde hace tres días. No tenemos contacto con ellos”, explica a EFE mientras enseña las imágenes.

Según Rojan, siete miembros de la familia quedaron inicialmente sin localizar después de la riada y una de sus tías fue encontrada con vida tras ser alcanzada por la corriente. Pero tampoco ella puede decirles qué ocurrió con los demás.

“Está inconsciente ahora mismo”, dice.

A pocos pasos, la pared sigue creciendo. Otra persona prepara fotografías de una mujer y de un bebé antes de pegarlas junto a las demás.

Tres días después de la riada, mientras disminuyen las posibilidades de encontrar personas con vida, miles de nombres siguen suspendidos entre dos listas, sin poder entrar todavía ni en la de los vivos ni en la de los muertos.

Cuando la esperanza cambia de lista

Las autoridades de Nepal elevaron este sábado a 626 los cadáveres recuperados y a 2.426 las personas que continúan en paradero desconocido. Al otro lado de la frontera, China mantiene otros siete fallecidos y 554 desaparecidos en el condado tibetano de Gyirong, sin que exista por ahora un mecanismo transfronterizo unificado de conteo.

La riada se desencadenó el miércoles después del colapso de una gran masa de hielo en un glaciar situado en Nepal, según las investigaciones preliminares, y arrasó localidades e infraestructuras a lo largo de la cuenca del Bhote Koshi y del vecino condado de Gyirong.

Para algunas familias, el paso de buscar a esperar ya ha comenzado.

Un día antes, Girilal Budhathoki, de 38 años, cuya mujer y cuatro hijos desaparecieron en Rasuwa, miraba una lista de muertos y desaparecidos en un hospital de Katmandú.

“Hasta ayer todavía tenía esperanza de encontrar a mi familia”, dijo a EFE.

“Ahora ya no tengo esperanza de encontrarlos vivos”, lamenta, consciente de que las posibilidades de hallar supervivientes se reducen conforme pasan las horas.

Ahora empieza otra cuenta.

Los rostros que aún no tienen respuesta

En el hospital de Katmandú nadie sabe todavía a qué lado pertenece cada uno de los rostros de la pared.

Por eso siguen llegando fotografías, alguien imprime un nuevo cartel, otro escribe un número de teléfono y cualquier llamada puede ser la noticia que una familia lleva tres días esperando.

La de Bishal permanece sobre el cristal de la ventana, por encima de muchas de las demás. Su madre ya la ha besado y acariciado varias veces.

Por ahora, su nombre no está entre los muertos. Tampoco ha regresado entre los vivos. Sigue en la pared.

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