

18 de julio de 2026 - 8:34 PM


Aibonito - Nota del editor: visita este sitio especial para consultar todo el contenido de la cobertura del caso de Gabriela Nicole.
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Uno de los últimos eslabones de la prueba de la Fiscalía de Aibonito llegó este viernes, cuando declaró se llamó a declarar a uno de los testigos más importantes del juicio por jurado contra Elvia Cabrera Rivera, acusada del asesinato de la menor Gabriela Nicole Pratts Rosario, de 16 años.
Se trató del patólogo forense Javier Gustavo Serrano Serrano, del Instituto de Ciencias Forenses (ICF), quien se convirtió en el testigo número 21 y contestó detalladamente las preguntas de la fiscal Silda Rubio Barreto.
Como parte del testimonio escuchado en la sala 1 del Tribunal de Aibonito, ante el juez Luis S. Barreto Altieri, fueron admitidas 30 fotos tomadas durante la autopsia de Pratts Rosario. El examen reveló que la víctima presentaba 11 heridas de arma blanca.
El perito precisó que la víctima presentaba algunas heridas “extremadamente superficiales”, mientras que otras le ocasionaron daños profundos en el cuerpo. Precisamente, resaltó que la herida mortal medía unas cinco pulgadas y alcanzó el ápice del corazón.
Serrano Serrano detalló que Pratts Rosario tenía una herida en el lado derecho de la cabeza, a nivel parietal; y otras cuatro en la región del tórax, de diferentes tipos. Entre esas, había una que era de tipo punzante, que es la que entiende le ocasionó la muerte.
Además, mencionó que la víctima presentaba cinco heridas de arma blanca de tipo punzante en el aspecto anterolateral y posterolateral del muslo izquierdo. Además, presentaba otra herida en el aspecto anteromedial del tercio proximal del antebrazo derecho.
Mientras las imágenes eran proyectadas en los monitores de la sala, se escuchaban los sollozos de los familiares de la víctima, quienes observaban con consternación la evidencia, incluida una foto que mostraba una de las heridas en el centro del pecho.
Explicó que identificó las heridas de la víctima con letras, comenzando con la “A”, la cual corresponde a una lesión en la cabeza, de tipo “inciso cortante”, con dirección ligeramente diagonal: de adelante hacia atrás, de derecha a izquierda y de abajo hacia arriba.
Al examinar la herida, especificó, que se aprecia que perfora la piel, los tejidos blandos y los músculos superficiales de la región del cuero cabelludo. Sin embargo, dijo que no produce fractura de los huesos en la bóveda craneana y no ocasiona daño significativo.
Señalando directamente la fotografía de la víctima, Serrano Serrano detalló que la herida “B” está ubicada en el aspecto medial de la región pectoral izquierda. Agregó que esta herida “penetró” de manera superficial a la víctima, afectando la piel y tejidos subcutáneos.
En cuanto a las demás heridas, Serrano Serrano afirmó que la “C” perforó de forma relativamente profunda los tejidos blandos, los músculos y la pared abdominal; la “D” fue un “raspazo” en la piel; y la “E” se localiza en el aspecto anterolateral de la base del tórax izquierdo.
Sobre la herida “E”, mencionó que atravesó la cavidad torácica hasta alcanzar la punta del corazón, lo que provocó que la sangre saliera del órgano y no pudiera funcionar correctamente, convirtiéndose en la que contribuyó “significativamente” en la muerte.
A su vez, dijo que la víctima tenía otras cinco heridas —identificadas con las letras “F”, “G”, “H”, “I” y “J”— en la región lateral del glúteo y el muslo izquierdo. Se trata de cinco heridas punzantes, las cuales penetraron piel, tejidos blandos y músculos.
“Es una fotografía en detalle de dos de las heridas de arma blanca que se definen en ese grupo que va desde la ‘F’ hasta la ‘J’”, expresó Serrano Serrano, mientras se proyectaba la imagen del cuerpo de la víctima, con las respectivas heridas sufridas.
Precisamente, explicó que esa herida “I”, que se encuentra por encima del talón, muestra que hubo algún “movimiento de la víctima o del agresor al momento” de infringirla. Asimismo, confirmó que la víctima tenía solo una herida de defensa.
Serrano Serrano indicó que a la víctima se le tomó una radiografía para verificar si tenía algún fragmento del arma homicida, pero no se le encontró nada.
Ante una pregunta sobre las características de los bordes de las heridas, el patólogo explicó que todas correspondían a “heridas incisas” producidas por un objeto “filoso y puntiagudo”, con una anchura aproximada de un “dieciseisavo de pulgada”.
Asimismo, indicó que los bordes presentaban una configuración elíptica, un patrón que, según su análisis, es compatible con un arma de dos filos. “Posiblemente es un arma con dos bordes filosos a cada lado”, declaró el perito al ser cuestionado por la fiscal.
El patólogo indicó que, por la trayectoria y localización de las heridas, es posible que la víctima estuviera de pie, en el suelo o incluso cubriéndose al momento de ser apuñalada.
Sobre la manera de la muerte, Serrano Serrano precisó que fue clasificada como un “homicidio”. En cuanto a la causa, indicó que correspondió a “heridas de arma blanca”. A su vez, precisó que se podría interpretar que la agresora deseaba ocasionar grave daño corporal.
“Se desea hacer al menos daño corporal a la persona por la cantidad”, enfatizó Serrano Serrano.
Sobre el ancho del arma utilizada, el perito explicó que no podía establecer una medida exacta de manera categórica. Sin embargo, indicó que existe la posibilidad de que una persona que manipulara un arma de esas características pudiera sufrir heridas autoinfligidas.
Durante el interrogatorio, la fiscal le mostró al patólogo una fotografía de la mano herida de Anthonieska Avilés Cabrera, hija de Cabrera Rivera y coacusada. En cuanto a si esas lesiones podían estar relacionadas con el mismo tipo de arma, explicó que, al no tener el arma específica, no podía ofrecer una conclusión definitiva.
“Hay una posibilidad de que las características del arma, al manejarla, puedan ocasionarlas”, explicó.
Durante el turno del contrainterrogatorio, la licenciada Mayra López Mulero llevó al testigo a admitir que no se encontró material genético compatible con la acusada.
Asimismo, el testigo no descartó que se utilizara más de un arma homicida con características similares. No obstante, fue categórico al señalar que no podría ser un punzón, navaja, cuchilla o un bolígrafo.
Culminado el testimonio de Serrano Serrano, la Fiscalía puso a disposición de la defensa tres testigos: todos agentes adscritos a la Policía de Puerto Rico, quienes fueron entrevistados esta noche por la defensa. De estos, dos de los testigos fueron estipulados.
El juicio continúa el próximo martes, cuando se espera que la defensa llame a declarar a sus testigos.
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