


Puerto Rico lleva demasiados años atrapado en una maraña improductiva. Todos coinciden en que el sistema de permisos es lento, fragmentado, intrincado e impredecible, pero cada intento de reforma termina reproduciendo, de una forma u otra, la misma tensión entre agilidad y control. Los dos proyectos que hoy dominan esta discusión parten de un diagnóstico parecido, pero ofrecen respuestas distintas. La discusión de fondo no debería ser si el Gobierno interviene mucho o poco, sino si interviene, cuando corresponde, con sentido práctico, inteligencia y certeza.

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