


Soy trabajadora social e hija de una persona que desde muy joven fue diagnosticada como esquizofrénica paranoide, a quien cuidé con amor hasta que falleció. Como tal, me preocupa profundamente la actitud de la población ante madres que padecen condiciones de salud mental: son juzgadas como personas no creíbles, acusadas de exagerar su condición o de usar su diagnóstico para justificar actos de violencia contra sus hijos o familiares. Cuando los abogados de defensa utilizan un diagnóstico de esquizofrenia para explicar la conducta de una persona acusada, muchos lo consideran una excusa para que el crimen quede impune.

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