

5 de agosto de 2026 - 10:19 AM


En medio de la sequía y el déficit de lluvia que atraviesa Puerto Rico, las proyecciones vigentes del Centro de Predicciones Climáticas de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, en inglés) sitúan en 97% la probabilidad de que el actual episodio de El Niño persista hasta comienzos de la primavera de 2027 y en 81% la posibilidad de que alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre.
El escenario mantiene bajo vigilancia al Servicio Nacional de Meteorología (SNM), ante la posibilidad de que los efectos del fenómeno limiten la lluvia asociada con las ondas tropicales y aumenten el riesgo de que la isla llegue a su temporada seca arrastrando déficits significativos de precipitación.
“Las proyecciones por el momento siguen iguales”, indicó a El Nuevo Día, Ernesto Morales, meteorólogo coordinador de avisos del SNM. El experto anticipó que la próxima actualización, prevista para el martes, no debería reflejar cambios sustanciales.
El informe más reciente de la NOAA establece que El Niño ya está presente y que continuará fortaleciéndose durante lo que resta del año. De concretarse el escenario de mayor intensidad, la NOAA anticipa que podría ubicarse entre los episodios de El Niño de mayor magnitud en el registro histórico que comenzó en el 1950.
“Estamos hablando de un Niño fuerte. Aún no hemos llegado al pico de la fortaleza del mismo, que se espera que ocurra entre noviembre y diciembre”, explicó Morales.
El meteorólogo sostuvo que la posibilidad de que el fenómeno continúe fortaleciéndose ha llevado al SNM a mantener comunicación directa con el Gobierno de Puerto Rico sobre sus posibles efectos en el patrón de lluvia.
“Este es el escenario que a nosotros nos preocupa y por eso estamos trabajando directamente con el Gobierno, porque le estamos diciendo: ‘Mira, la lluvia va a ser limitada, aunque entremos en el periodo pico de huracanes’”, expresó.
Morales explicó que El Niño se origina en el océano Pacífico cuando los vientos alisios en esa región se debilitan, desaparecen o cambian de dirección, lo que favorece un calentamiento de las aguas. La actividad atmosférica que se genera como resultado puede alterar los patrones de viento en distintas partes del planeta.
Sus efectos, sin embargo, varían según la región y la época del año. Morales señaló que, durante el invierno, El Niño suele aumentar significativamente la lluvia en California y también favorece una mayor entrada de humedad sobre el sureste de Estados Unidos.
Como ejemplo, recordó que, durante un episodio fuerte de El Niño en la década de 1990, Puerto Rico enfrentó condiciones de sequía, mientras California recibió lluvias intensas que provocaron inundaciones y deslizamientos de tierra.
“El Niño tiene su impacto a través de todo el planeta y por eso se le da seguimiento, aunque sea invierno, verano, primavera u otoño. Va a tener diferentes impactos en distintos lugares”, explicó.
En el Atlántico, agregó, el fenómeno suele producir fuertes vientos cortantes en las capas medias y altas de la atmósfera, que dificultan que las ondas tropicales procedentes de África logren organizarse y desarrollarse.
Aunque esas condiciones pueden reducir la actividad ciclónica, también podrían limitar la lluvia asociada con las ondas tropicales que atraviesan la región durante el verano.
“El Niño es buena noticia para el puertorriqueño porque nos dice: ‘Mira, hay menos actividad ciclónica’, pero, a la misma vez, si es un periodo seco prolongado, la intensidad de esta sequía podría ser mayor”, señaló.
Morales advirtió, no obstante, que la población no debe bajar la guardia durante la temporada de huracanes. Estadísticamente, su periodo pico comprende las últimas dos semanas de agosto y el mes de septiembre.
El meteorólogo explicó que los vientos cortantes pueden disminuir temporalmente y abrir una ventana para que algún sistema tropical consiga desarrollarse en el Atlántico.
“De no ser así, se mantendrán las condiciones bastante hostiles para que las ondas tropicales se desarrollen y, pues, habrá menos actividad de lluvia asociada a estas”, manifestó.
El meteorólogo detalló que Puerto Rico suele experimentar una merma de lluvia entre mayo y junio, antes de comenzar a recibir, durante julio, mayor humedad asociada con las ondas tropicales. Este año, sin embargo, se anticipaba que esos sistemas tardarían más en llegar y serían más débiles.
“Siempre hay una merma de lluvias y yo siempre les digo a los agricultores: ‘No te preocupes, que por ahí viene lluvia asociada a las ondas tropicales’. En este escenario es diferente. Sabíamos que estas ondas iban a tardar en llegar y que iban a ser más débiles, y por eso es que estamos preocupados”, afirmó.
La inquietud aumenta de cara a noviembre, cuando concluye la temporada de huracanes y Puerto Rico comienza a entrar en su periodo climatológicamente seco.
“Si entramos al periodo seco ya arrastrando unos déficits significativos de lluvia, hay una probabilidad de que puedan incrementar y deteriorarse las condiciones de sequía. Por eso es que estamos bien preocupados y mirando esto bien de cerca”, sostuvo.
Según el informe más reciente del Monitor de Sequía de los Estados Unidos, la escasez de lluvias en Puerto Rico durante los últimos 30 a 90 días ha provocado la expansión e intensificación de la sequía en las zonas sur y noreste.
El 24.75% del territorio permanece bajo sequía severa y, en conjunto, el 82.32% de Puerto Rico permanece bajo condiciones atípicamente secas o algún nivel de sequía.
El déficit de precipitación también ha repercutido en las reservas de agua. Este martes, la gobernadora Jenniffer González anunció un plan de racionamiento de 48 horas para los abonados que se abastecen del embalse Carraízo.
El cuerpo de agua amaneció este miércoles con una lectura de 37.72 metros, dos centímetros menos que el día anterior.
El panorama de lluvia para lo que resta de agosto tampoco apunta, por el momento, a una recuperación amplia. En su perspectiva semanal, el Centro de Predicciones Climáticas de la NOAA indicó que existe una probabilidad de 50% o más de que la precipitación se mantenga por debajo del promedio hasta finales de mes en toda la región del Caribe.
La proyección no significa que dejará de llover, sino que el patrón climático global sugiere que la cantidad de precipitación acumulada durante ese periodo podría ser menor de lo habitual.
Morales aclaró que cualquier lluvia resulta beneficiosa bajo las condiciones actuales, pero indicó que los aguaceros leves o concentrados a lo largo de la costa no necesariamente alcanzan las zonas interiores donde se encuentran los embalses.
“Ahora mismo puede darse una llovizna, que no sería nada malo. En el momento en que estamos, con esta falta de agua, cualquier lluvia es bien recibida, pero este tipo de lluvia podría estar ocurriendo más a lo largo de la costa y no isla adentro, donde necesitamos restablecer los niveles de los embalses”, puntualizó.
El funcionario destacó que el seguimiento de El Niño permite que meteorólogos y climatólogos orienten al Gobierno en la toma de decisiones, incluso cuando se trate de medidas poco populares, como los racionamientos de agua.
Las noticias explicadas de forma sencilla y directa para entender lo más importante del día.

Te invitamos a descargar cualquiera de estos navegadores para ver nuestras noticias: