

14 de junio de 2026 - 11:40 PM


En una tarde cualquiera, un grupo de amistades se reúne en un chinchorro y, entre comida, aperitivos y alguna bebida, hay afecto, abrazos, risas, confesiones e, incluso, uno que otro chisme. Más importante aún, se produce el tipo de vínculo que permite a una persona enterarse de alguna dificultad que esté atravesando el prójimo o, incluso, percatarse de algo preocupante en su aspecto y motivarlo a procurar ayuda.
Como consecuencia de dinámicas así, que, con las diferencias correspondientes al caso, ocurren todos los días en todos los sitios, los participantes son personas más felices y, sobre todo, saludables. Y, en vista de que las personas felices y saludables son también más productivas e independientes, las relaciones sociales saludables pueden ser vistas también como una estrategia de desarrollo económico.
Esa es la tesis que, basada en innumerables estudios, incluyendo algunos propios, plantea la psicóloga estadounidense Julianne Holt-Lunstad, profesora en la Brigham Young University (BYU), en Utah, quien, en una serie de encuentros en los pasados días con diversos grupos profesionales de Puerto Rico organizados por la Fundación Triple S, enfatizó la importancia de las conexiones sociales como una necesaria estrategia de salud pública y, por consiguiente, de desarrollo económico.
“Las conexiones sociales pueden fomentar comportamientos más saludables o desalentar comportamientos poco saludables o arriesgados. La gente que se preocupa por ti puede recordarte que te tomes tus medicamentos, que duermas lo apropiado, ese tipo de cosas que son importantes y también impactan nuestra fisiología”, dijo la doctora Holt-Lunstad, en entrevista con El Nuevo Día.
“Nuestra biología funciona de manera más óptima y más regulada cuando estamos con otras personas y nos sentimos seguros y cuando tenemos sentido de pertenencia. Pero, cuando estamos aislados o con personas en las que no confiamos, eso activa efectos biológicos en cascada que, sostenidos en el tiempo, pueden ponernos en riesgo de enfermedades crónicas”, agregó la doctora, quien es la autora del estudio que estableció que el daño de la soledad y el aislamiento tiene efectos en la salud similares a fumar 15 cigarrillos diarios.

El aislamiento, mantuvo la doctora, afecta la productividad, mientras que estudios señalan que, en centros de trabajo con fuertes conexiones sociales, “hay menos cambios de personal, más productividad, se toman mejores decisiones y el pensamiento innovador puede llevar a un mayor crecimiento en la organización”.
Aislamiento y soledad no son lo mismo. Aislamiento es la ausencia o escasez de relaciones significativas, y soledad es la sensación de aislamiento aunque existan las conexiones. Diversos estudios plantean un crítico panorama de aislamiento y soledad en distintos grupos poblacionales, pero, sobre todo, entre jóvenes.
El estudio Consulta Juvenil, que auspicia periódicamente la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (Assmca), y que fue conducido por la Fundación Triple S, reveló que ocho de cada diez jóvenes reportaron niveles de aislamiento social moderados o altos. Igualmente, seis de cada diez jóvenes reportaron niveles de soledad moderados o altos.
A mediados del año pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) divulgó un estudio sobre el problema que, igual, ilustró lo inquietante de la situación. A nivel global, una de cada seis personas se siente sola. El grupo más afectado es, similar que en Puerto Rico, el de los jóvenes; del 17% al 21% de las personas entre 13 y 29 años experimentaba soledad. “Esto puede ser porque los adolescentes desean vínculos sociales más fuertes durante un período de grandes cambios en la vida”, dice el estudio.
El análisis de la OMS añade que, en 2025, hubo 871,000 muertes prematuras vinculadas a riesgos derivados de la soledad, lo cual equivaldría a unas 100 muertes por hora en el mundo. La doctora Holt-Lunstad presentó el abarcador estudio Social Connections in America, que revela que el 52% de los adolescentes estadounidenses se sienten solos, al igual que el 27% de los adultos mayores.
Las conexiones sociales son importantes, pero no todas. La doctora Holt-Lunstad fue enfática en que, para que sea de ayuda, debe cumplir con tres criterios: estructura, que se refiere a tener un grupo de conexiones significativas con las cuales contar; función, que es el tipo de información que se comparte con esas conexiones y, por último, calidad, que se refiere, como dice la palabra, a la calidad de las interacciones, porque, explicó, no sirven para estos propósitos personas que solo traigan estrés y problemas.
“Cuando esos tres criterios están presentes, se les asocia a desenlaces de protección. Si hay deficiencias en uno de esos tres criterios, eso lo asociamos a riesgo”, explicó.

Las redes sociales, en las que innumerables personas dicen tener “amistades”, no cuentan como vínculos sociales.
“Necesitamos separar lo que significa tener un amigo en redes sociales versus lo que realmente se hace en redes sociales. De hecho, lo que vemos es que la mayoría de las personas no usan redes sociales para conectar con gente que conocen, sino como un canal de contenido. Y, a menudo, lo que hace es restarle tiempo de sus conexiones en persona”, sostuvo Holt-Lunstad. “No tenemos datos suficientes, pero yo sospecho que, cuando ven en las redes sociales qué está pasando en la vida de una persona que conocen, hay menos motivación para llamarlo y conectar porque siente que ya sabe”, agregó la doctora.
El aislamiento es perjudicial, incluso, para las personas que dicen disfrutar de la soledad, dijo Holt-Lunstad. “Los datos muestran que tanto el aislamiento como la soledad predicen problemas de salud y mortalidad, pero hay riesgos en el aislamiento aunque la persona diga que no se siente sola”, manifestó. “Se puede estar bajo la falsa impresión de que, a pesar de que estás aislado, si no te sientes solo, no estás en riesgo”, agregó.
Los gobiernos tienen la posibilidad de aportar al crecimiento de las conexiones sociales, creando y promoviendo la infraestructura y las políticas que fomenten los vínculos sociales saludables, explicó Eddie García, fundador de la Fundación para la Conexión Social, una organización no gubernamental con sede en Washington D.C. y quien también participó en las charlas auspiciadas por la Fundación Triple S ante médicos, educadores y líderes comunitarios.
“La soledad es el síntoma con el que estamos lidiando. Pero las conexiones son un sistema. La cultura es un aspecto, pero también necesitamos infraestructura, la manera en que las ciudades son construidas. ¿Hay autopistas que dividan, aceras que conecten? ¿Hay vivienda pública segura? ¿Hay transporte público? ¿Hay una sociedad fragmentada o hay colectivismo cívico? ¿Hay confianza en las instituciones o hay desintegración de esa confianza? Sabemos que todos esos son factores que impactan la conexión social en una sociedad y todas son opciones por diseño. Debemos estar pensando en cómo se construye una sociedad conectada”, manifestó García.
Los entrevistados reconocieron que el aspecto económico impacta las posibilidades de una persona establecer conexiones sociales. Sin dinero, o con poco dinero, es menos fácil, por ejemplo, citarse en el restaurante, en el bar o en el cine para establecer conexiones. La doctora Holt-Lunstad sostuvo que el estudio “Social Connection in America” reveló que las personas con ingresos inferiores a $100,000 anuales tuvieron puntuaciones más bajas que el promedio nacional en nueve de los 12 criterios de conexiones sociales saludables.

“También vemos en los sondeos que lo económico surge como parte de lo que las personas mencionan como barreras para lograr el nivel de conexión social que quisieran. Así que ese es un factor importante. Pero hay también muchas maneras de conectar que no tienen costo”, afirmó Holt-Lunstad.
García, por su parte, agregó que, en el tema de las conexiones sociales y la economía, existen “paradojas”, porque hay estudios también que indican que, en algunas de las comunidades más pobres del mundo, pueden existir algunas de las más fuertes conexiones sociales, y citó los análisis de Janice Perlman, una antropóloga y politóloga estadounidense que ha estudiado a fondo la vida en las favelas brasileñas.
“Las favelas son de las comunidades más pobres del mundo, y ella encontró que tienen fuertes vínculos sociales y comunitarios. Se vieron forzados a encontrar maneras creativas de conectar y protegerse los unos a los otros”, indicó García. “Pero eso no ocurre solo en favelas. Lo vemos en muchas comunidades, incluso en las que están aisladas. Necesitan apoyarse unos a otros porque no pueden depender de servicios gubernamentales. Trabajando juntos crean lazos”, agregó.
La doctora Holt-Lunstad, que asesoró al Cirujano General de Estados Unidos en este tema, identificó seis pilares de la estrategia gubernamental para fomentar las conexiones sociales: diseñar espacios sociales, como parques y plazas, en los que la gente pueda interactuar; políticas enfocadas en estos asuntos, como se hacen, por ejemplo, para asuntos ambientales; educar al sistema de salud sobre este asunto; ampliar el conocimiento de la población sobre este particular; políticas para atender el tema de redes sociales y crear una cultura de conexión.
“Podemos construir la infraestructura e implementar las políticas, pero si no se alinean con la cultura y los valores, esas cosas serán rechazadas. Necesitamos fomentar una norma de conexión. ¿Cómo hacemos eso? Cambiar las normas es muy duro. Pienso que puede haber campañas que pueden girar en torno a figuras reconocidas, celebridades, líderes de organizaciones, cualquier esfera de influencia que pueda modelar estas normas”, indicó.
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